Yo también llevo dentro una guerra de Yugoslavia

en de es pt-br
José Luis Gil Monteagudo
Veo un escenario bélico y me pregunto ¿tengo yo algo que ver con todo esto? ¿De alguna forma mi vida y decisiones cotidianas colaboran en el mantenimiento de las guerras?

 Leo la prensa, escucho la radio y recojo los pensamientos de mucha gente experta e inexperta sobre esta guerra más cercana a nosotros que otras y más cara y sofisticada que ninguna. (…) Veo un escenario bélico y me pregunto ¿tengo yo algo que ver con todo esto? ¿De alguna forma mi vida y decisiones cotidianas colaboran en el mantenimiento de las guerras?(…) Si quiero encontrar la verdad de estas cuestiones solo tengo que permitir el paso de la luz de mi consciencia en oscuros rincones de mi mente. Algunos de ellos son de más fácil acceso: Veo con claridad el pueblo serbio y albano-kosovar que hay en mí, víctimas declaradas de esta guerra. Pero pensar que existe una parte mía tan canalla como los grupos paramilitares, tan tirana como Milósevic o incluso un general de la OTAN, eso sí que me resulta difícil. Hay rincones de mi alma cerrados con candado y con guardias de seguridad en la puerta las 24 horas del día. ¿Son inaccesibles?(…) No me gusta sentirme militar pues hace muchos años que me declaré objetor de conciencia. No quiero empuñar un arma ni alentar a que otros lo hagan. Pero… la verdad es que siempre me han gustado las películas de guerra en las que sus héroes mataban a todo dios por una causa justa. ¿Hay alguna causa justa que justifique matar a un ser humano? Aunque no me lo parezca sé que dentro de mí hay una parte que dice que sí. Hay situaciones en las que está justificada la violencia; incluso la sangre y los cadáveres están justificados por motivos humanitarios.
(…) Continúo explorando mis rincones mentales, aquellos en los que la escoba no suele detenerse. Pienso ahora en Milósevic pero… eso sí que no, me resisto a pensar que ese personaje habita en mí cotidianamente. En cualquier caso, quizás no sea tan malo el malo, quizás tenga sus razones, al menos podría escucharle… Pero, no. Algo se resiste en mí. No me da la gana pensar que también yo soy Milósevic. Podría aceptarlo como una figura teórica, un recurso estilístico atrevido, pero sentir, SENTIR al tirano dentro de mí y observar cómo actúa, qué injusticias y desmanes comete en la vida cotidiana, eso me parece demasiado. Decididamente hay rincones de mi alma que quieren seguir cerrados. Pido coraje al Amor y escucho chirriar los goznes de algunas pesadas puertas…

Tomo un retrato del tirano que aparece en la prensa. Algo en mí se resiste a mirarle fijamente. Lo enjuicio demasiado. Veo la imagen de un hombre soberbio, egoísta, cínico, inflexible… ¡Vaya! Si todo esto se supone que es una parte de mí, creo que voy a dejar este juego; no me gusta nada el aspecto que está tomando la cosa… Respiro y sigo mirándole. Trato de relajar la mirada… Comienzo a ver algo diferente. Veo la tristeza profunda que reflejan sus ojos, veo el rostro ensombrecido de alguien que sufre… “Sí, pero no lo vayas a confundir con una víctima; se trata del culpable, recuerda…” Paso por alto esa voz estridente que suena en mi cabeza y continuo observando esa mirada triste. Ahora sólo quiero ver a un ser humano, como si no supiera nada de él. Sólo quiero comprender, casi me da vergüenza decirlo, a mi hermano Milósevic.

(…) Me llegan a la memoria datos de su biografía: siendo joven sus padres se suicidaron. ¡Dios! Lo había olvidado: nadie que no se siente agredido es capaz de agredir a otro. Solo puede cometer barbaridades alguien desesperado. Sí, ahora puedo ver la mirada de un jovencito masacrado por ese suicidio. Su padre y su madre se quitaron la vida… Trato de imaginarme la infancia de un muchacho con unos padres tan enfermos… Sí, debió ser un niño mal nacido, un niño mal engendrado y probablemente mal gestado. Una criatura desamparada, abocada al desastre…

¿Existe tanta diferencia entre una bofetada o una cuchillada? ¿No están alimentadas por la misma siniestra sombra? ¿Y hay diferencia entre una bofetada física o la herida que produce la palabra salida de una lengua afilada? Esas heridas del alma tardan muchísimo más en cicatrizar que las que recibe el cuerpo. Llevan un denso veneno destilado en sombrías estancias de la mente. ¿Hay alguna diferencia entre ponerlo en palabras o dejarlo larvado en el mundo de los pensamientos? Y ¿realmente en esto importa demasiado que el proceso sea consciente o inconsciente? ¿Hay alguien que realmente crea estar liberado de esos venenos? Sí, decididamente proclamo: Yo también llevo dentro un criminal de guerra. Lo asumo por el bien de todos. No quiero que siga haciendo de las suyas y yo sea el último en enterarme.

(…) Hagamos un breve repaso de la situación mundial: Antes de comenzar la guerra, en Kosovo habían unos centenares de muertos y pocos miles de refugiados (la intervención “humanitaria” ha provocado casi un millón de refugiados y miles de muertos) ¿Por qué la OTAN no ha actuado en la zona de los Grandes Lagos de Africa en los que han muerto en 5 años un millón y medio de inocentes y ha habido cientos de miles de refugiados y donde aún hoy día son asesinados decenas de miles de personas cada mes? Pues sencillamente porque los gobernantes que impulsan esas matanzas están dispuestos a comprar el silencio del sheriff con su abundante petróleo, uranio, diamantes, etc.

¿Y por qué la OTAN no actúa en el Kurdistán donde más de un millón de kurdos han tenido que huir perseguidos por el ejército turco y miles son torturados en las cárceles? Porque Turquía pertenece a la mismísima OTAN y es uno de los principales clientes de armas de EE.UU. ¿Por qué la OTAN no ha actuado en el conflicto árabe-israelí en el que el gobierno de Israel ha convertido en refugiados a más de 3 millones de palestinos, más de cien mil sirios y más de cien mil libaneses, practicando la destrucción sistemática de casas y pueblos árabes, la confiscación de tierras y el corte del suministro de agua con la violación sistemática de decenas de resoluciones de Naciones Unidas? Hay una simple razón: el lobby judío en EE.UU. maneja una parte importante del poder político y del capital mundial. ¿Por qué no se ha intervenido en Indonesia ante una brutal represión, o en Sudán donde han muerto en los últimos quince años más de un millón de inocentes, o en Argelia con 80.000 muertos o en tantos y tantos lugares más? No se actúa porque no interesa. Pero, eso sí, se masacra Yugoslavia con misiles “inteligentes” que han asesinado a más de 1.200 personas de las cuales casi 400 son niños y se han herido gravemente a unas 5.000. Se les ha bombardeado en sus casas, en sus viajes en tren, en los hospitales, en las emisoras de radio y televisión, en las embajadas y en las cárceles. Y por si fuera poco, se está dejando a la población civil sin luz, sin agua y sin pan.

A todo esto, el ejército serbio apenas ha recibido daños importantes y desde luego serán los últimos en quedarse sin agua o sin pan. Por razones humanitarias se hace sufrir a la población civil y se cometen errores calificados de “efectos colaterales” (…)

Entonces con todos estos datos en la mano me pregunto ¿cuál es el verdadero motivo del ataque a Yugoslavia? Supuestamente se intentó negociar la paz en Rambouillet y el gobierno serbio se negó a cualquier acuerdo. (…) Lo de  fue un dictado cuyos términos contradecían el artículo 42 de la Convención de Viena que dice que, “un acuerdo cuya firma ha sido obtenida mediante amenaza de utilizar la fuerza, es ilegal e inválido”. Los serbios no firmaron, comenzó el bombardeo y, como ocurre siempre, la primera víctima de la guerra fue la verdad sobre ella.

¿Por qué, entonces, no se negoció realmente una salida diplomática? Porque no interesaba; lo que interesaba realmente a la globalización capitalista dirigida por el poder económico que gobierna indirecta y astutamente en Estados Unidos es una guerra en Europa.

(…) El panorama es alarmante. Nunca hemos sido tan conscientes y solidarios pero, al mismo tiempo, nunca hemos sido manipulados tan eficazmente. La verdad brilla por su ausencia y la mentira se enseñorea del planeta. Por fin he encontrado al causante de tanto dolor: Ese poderoso anónimo que da órdenes que hacen sufrir a millones de seres todos los días. Ya he encontrado al culpable; creo que sintonizo con él y escucho sus palabras: “Bravo, José Luís, por fin me has encontrado. Eres uno de esos listos que a fuerza de buscarme me encuentran. Sí, yo soy uno de esos poderosos egocéntricos que controla los movimientos de las mentes y los cuerpos de la gente de la tierra. Desgraciadamente no soy el único, pero tal vez algún día lo consiga. En este mundo lo único que tiene sentido es el poder y para obtener el poder sólo se requiere una condición: No tener ningún tipo de escrúpulos, fijarse unos objetivos y trabajar por ellos, caiga quien caiga. Las reglas morales están pensadas para los débiles. Yo mismo aliento esas reglas, pero no seas ingenuo ¿cómo iba yo a acatar unos preceptos inventados en nombre de un espíritu o de un amor inexistentes? ¿Crees que yo soy el verdadero problema a eliminar para que reine la paz en la Tierra? ¿Cuántos crees que si estuvieran en mi lugar harían lo mismo que yo? Yo te lo digo: son legiones. ¿Cuántos crees que desean ocupar mi puesto? Millones y millones.

(…) Por fin me he dado cuenta: No hay nadie en este mundo que no crea tener razón y creo que la vida de cada uno expresa, a su modo, un aspecto de la enseñanza integral. Todos los caminos son formas válidas de explorar los numerosísimos errores de los que es capaz el alma humana. Y cada uno de esos errores es un hueco que se rellena para que el agua del río de la vida siga fluyendo eternamente.

Sé que cada error que cometo se convierte en un peldaño de la escalera que me lleva a Dios. Pero también sé que para que el error se transforme en peldaño tengo que asumirlo, comprenderlo y transcenderlo. Reconozco que en mí también hay un secreto manipulador de todas mis buenas intenciones que nunca sacia su apetito. Reconozco también en mí todas las dudas que me plantea mi hermano oscuro: yo también he dudado de Dios, del espíritu, de la generosidad humana, de la realidad del amor y hasta de la existencia de mí mismo.

(…) Necesito encontrar un verdadero punto de referencia en este embrollo de la guerra y de la paz, pues nada ni nadie me parece auténtico, yo tampoco, por supuesto. Entonces vuelvo a observar los comunicados sobre esta guerra. No creo que haya nadie en todo esto que pueda ser un punto de partida… y de llegada. Busco… De repente encuentro en las declaraciones de algunos personajes un dato interesante: con unos pocos días de diferencia un ex general de la OTAN y el exvicepresidente serbio Draskovic mencionan una palabra que para mí tiene sentido: Jesucristo. Ambos la utilizan para avalar sus posiciones contrarias.

(…) Me pregunto cómo actuaría en esta guerra ese alma grande que saludaba a todas las almas deseándoles la paz. De hecho él también vivió en un tiempo de crueles guerras y enseñó con su ejemplo la actitud a tomar ante todo conflicto.

(…) ¿Es posible que también en mi interior exista un Jesucristo? Desde luego que sí, yo soy un Cristo en potencia tal como lo es todo el mundo. Ese Cristo es nuestra verdadera identidad detrás de todas las apariencias. El día en que todos manifestemos el Cristo que eso que llamamos Dios creó en nosotros se terminarán todas las guerras de este mundo y la paz nos acompañará eternamente. Y es entonces cuando comenzará la verdadera historia de la humanidad, una historia llena de amor, sorpresas y aventuras, una historia creativa y apasionante. Pero para que el Cristo se manifieste hay que vaciar el saco y sacar a la luz el Milósevic, el paramilitar, el poder en la sombra, la OTAN y la víctima; sólo entonces dejaremos paso a la verdad y ésta reinará para siempre tal como todos merecemos.

Share your thoughts:

Your email address will not be published. Required fields are marked *