Etty Hillesum, 1914-1943

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Dina Awwad (Palästina) y Emma Sham-Ba Ayalon (Israel)
“Todavía tenemos que nacer como seres humanos; esa es la gran tarea que tenemos ante nosotros.”

Etty Hillesum fue una judía holandesa que escribió su diario durante la Segunda Guerra Mundial. Fue asesinada en Auschwitz en 1943, a la edad de 29 años. Sus diarios, escritos durante los dos últimos años de su vida, son un testimonio de amor y compasión, de confianza en la vida y espiritualidad profunda. En los diarios y cartas que escribió desde el campo de concentración “Westerbork”, ella describió su proceso interno de elegir por creer en la vida y en la solidaridad. Etty optó por ir a los campos a pesar de que tenía la posibilidad de escapar. Ella prefirió mantenerse en contacto con su pueblo en lugar de salvarse a sí misma. Aún más, ella prefirió mantener su corazón amoroso, libre de amargura, odio y deseos de venganza. Ella escribió: “En última instancia, sólo tenemos un deber moral: recuperar grandes esferas de paz en nosotros mismos, cada vez más paz, y reflejarlo hacia los demás. Cuanto más paz haya en nosotros, más paz habrá en nuestro mundo turbulento.”

Etty fue una escritora que utilizo su diario como una forma de mirar profundamente en su interior, de compartir sus sentimientos y pensamientos, de hacer preguntas y de mirar críticamente las cosas a su alrededor y en su interior. El profundo contacto y la relación amorosa con su psicoterapeuta Julius Spier, le permitieron cuestionar su imagen del amor y observar los conflictos internos de una mujer que desea encontrar su fuente y su independencia. “No debo mirarlo como un fin sino como un medio para el crecimiento y la madurez. No debo desear poseerlo.” También escribe sobre el trabajo interno por el que uno tiene que pasar para amar con sinceridad: “Tendemos a olvidar que no sólo debemos ganar libertad interior el uno del otro, si no que también hay que dejar al otro libre y abandonar cualquier idea fija que podamos tener de él en nuestra imaginación “. Su investigación en el amor puede ser una buena enseñanza para todos nosotros cuando queremos averiguar lo que significa amar a alguien y mantenerse libre. Al final, ella encuentra su imagen del amor y su tarea en el mundo; estar al servicio de todos los seres humanos. Ella escribió desde el campo de concentración: “Dado que las personas han estado diciendo entre sí durante siglos que el hombre es básicamente egoísta, uno empieza a creerlo y de hecho se convierte en egoísta. Hay muchos aspectos de un ser humano en los que sería bueno probar otra cosa, sólo para cambiar el aburrido e improductivo egoísmo”.

A través de todo este tiempo, mientras que la situación de los judíos empeoraba, Etty se negó a ver enemigo alguno. Ella escribió después de su encuentro con un soldado alemán: “Yo sé que estoy tratando con seres humanos y que tengo que intentar con toda la fuerza que pueda entender todo lo que cualquiera hace alguna vez … no sentí indignación, mas bien una compasión real …. porque yo sé que los hombres jóvenes lamentables como esos son peligrosos en cuanto se desatan contra la humanidad. Pero toda la culpa debe ser puesta en el sistema que utiliza esas personas. Lo que es necesario erradicar es el mal en el hombre, no el hombre mismo.” Pasar por estos momentos de sufrimiento le permitió ver la imagen más grande, al final ambas partes son víctimas del mismo sistema. En este sentido, Etty era una mensajera de un futuro mejor, “Yo sé que un nuevo y más amable día vendrá. Me gustaría mucho poder vivirlo, aunque sólo sea para expresar todo el amor que llevo en mí. Y sólo hay

10una forma de preparar la nueva era, viviendola incluso hoy en nuestros corazones “.

A pesar de todo el sufrimiento y el dolor que la rodeaba y que estaba experimentando, nunca se olvidó de disfrutar la vida y encontrar la vida interesante. Ella escribió: “Y sin embargo, siempre hay algo nuevo: la vida sigue siendo tan ‘interesante’ a pesar de todo. Siempre hay presente en mí un impulso casi demoníaco de ver todo lo que pasa. El deseo de ver y escuchar y de estar presente, de hurgar en los secretos de la vida, de observar con objetividad como se ven las personas en sus últimas convulsiones. Y también, de repente, verse obligada a enfrentarse a una misma y aprender lo que se pueda del espectáculo que la propia alma representa en estos tiempos. Y más tarde ser capaz de encontrar las palabras adecuadas par ello”. Miró a la vida y sabía que todo lo que atestiguaba en el exterior le reclamaba un trabajo y un cambio interior. “La miseria es muy grande, no obstante a menudo camino tarde en la noche, cuando el día que queda atrás se ha hundido en la profundidad. Caminar con pasos a lo largo del alambre de púas y luego brota de mi corazón una y otra vez – no puedo evitarlo, es como es, es un poder elemental: La vida es algo maravilloso y grande, después tenemos que construir un nuevo mundo por completo – y cada nuevo crimen y cada crueldad adicional tenemos que contrastar con un mayor pedazo de amor y bondad, que tenemos que conquistar dentro de nosotros mismos.”

Su energía principal venía a través de encontrar una conexión verdadera con Dios y con la espiritualidad. Etty se crió en una familia laica. Su búsqueda de Dios fue el resultado de un trabajo interior profundo. “Profundamente dentro de mí hay un pozo sin fondo. Ahí es donde reside Dios. A veces puedo llegar a él, pero con más frecuencia rocas y arena cubren el pozo y entonces Dios está enterrado. Entonces él tiene que ser excavado de nuevo.” Quiso escribir un libro con el título de “La chica que aprendió a arrodillarse”. Ella aprendió el poder de la oración, que era más fuerte que cualquier circunstancia: “La amenaza se hace cada vez mayor, y el terror aumenta día a día. Dibujé una oración a mi alrededor como un oscuro muro de protección; retirarse en su interior como en una celda del convento y luego salir afuera de nuevo, más serena y más fuerte y tranquila de nuevo. Retirase en la celda cerrada de la oración se está convirtiendo en una realidad cada vez mayor para mí, así como una necesidad. Esa concentración interior erige muros altos alrededor de mí en el que puedo encontrar mi camino de regreso a mí misma, reunirme en un todo, lejos de toda distracción. “

Al final de sus diarios, ella llega a un punto en el que escribe: “En la noche, mientras yazco en mi catre, rodeada de mujeres y niñas que roncan suavemente, soñando en voz alta, sollozando en silencio y dando vueltas en la cama, las mujer y las niñas que a menudo me dicen durante el día, ‘No queremos pensar, no queremos sentir, o estamos seguras de que nos volveríamos locas’, Yo estaba a veces llena de una ternura infinita, y me quedaba despierta durante horas limpiándome de las muchas, demasiadas impresiones de un día demasiado largo, y oré: ‘Permitidme ser el corazón pensante en esta barraca.’ Y eso es lo que quiero volver a ser. El corazón pensante de un completo campo de concentración.”

 

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