Nacimiento de una nueva era

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Capítulo del livro: Terra Nova. Globale Revolution und Heilung der Liebe
(Terra Nova. Revolución global y curación del amor)

No solo vivimos en un mundo donde hay cada vez más barbarie, sino que también estamos viviendo un tiempo crucial en el que se revelan cada vez más fuerzas motoras de la renovación. Con alegría y sorpresa somos testigos de cómo el mismo Vaticano (el Papa Francisco) en su „Evangelii Gaudium” (“La alegría del evangelio”), publicado el 26 de noviembre de 2013 no solo ataca ya casos aislados, sino a todo el sistema del mundo capitalista: el sistema económico capitalista dominante es ”injusto desde sus raíces”, señalaba, “esta economía mata”. Ahora, cuando el mensaje de la revolución ha llegado incluso hasta el Vaticano, otras elites podrían recapacitar y reconsiderar sus posturas.
El sueño de un nuevo mundo no es solamente un deseo subjetivo, sino una necesidad y posibilidad objetivas, una matriz para otra existencia, verdaderamente situada en las estructuras de la realidad. La utopía concreta es una realidad latente del universo, del mismo modo que una mariposa es la realidad latente de una larva. Se halla en la construcción de nuestro mundo físico y biológico, en nuestra información genética y en nuestra ética profunda. En el marco de una labor pacifista consecuente no se trata ya de llevar a cabo reparaciones aisladas dentro de los sistemas establecidos, sino de un cambio de sistema fundamental. No se trata de reponer piezas de una maquinaria estropeada, sino de volver a construir toda la maquinaria completa.
Para escapar del callejón sin salida no precisamos megaciudades ni tecnología billonaria para colonizar Marte, aunque también supongan perspectivas interesantes, sino que precisamos conceptos inteligentes para un nuevo proceso de formación de asentamientos en el planeta Tierra. No necesitamos reformas, sino darle una nueva dirección a la evolución del ser humano. Probablemente estemos ante el comienzo de la mayor revolución de la historia de la humanidad. Es un proceso que atañe a toda la humanidad, cuyo resultado es aún incierto. Una humanidad capaz de enviar a Marte un vehículo plenamente operativo equipado con un laboratorio de química digital, podría también ser capaz de desarrollar un nuevo concepto para una existencia planetaria sin violencia. En los próximos capítulos se presentan algunas de las claves para desarrollar este concepto.
El primer requisito fundamental y universalmente válido para un futuro más humano es fácil de nombrar: el nuevo camino requiere volver a incluir la existencia humana en las leyes fundamentales de la vida, de la comunidad, del amor y de la Tierra. A esas leyes pertenecen también leyes éticas, sociales y biotópicas. Cualquier acto de violencia que infligimos a cualquier criatura regresa de nuevo a nosotros como enfermedad o locura. La civilización venidera es libre de cualquier crueldad. Plantas y animales son nuestros socios en la creación de una nueva vida en la Tierra. Las leyes de la vida en sociedad y las leyes de la creación deben concordar para que ocurra una sanación global. En una pizarra que tenemos en Tamera se lee: “Existe el mundo que creamos. Y existe el mundo que nos ha creado. Ambos deben coincidir. Esa es la meta del viaje.”
Para llevar a cabo una labor sanadora global precisamos ante todo dos fuentes vitales: aguas sanas y amor vivo. El agua es a la naturaleza lo que el amor a los seres humanos. Sanando las aguas, sanamos la naturaleza; sanando el amor, sanamos a los seres humanos. Tanto la sanación de las aguas como la del amor requieren en la misma medida de un cambio en las relaciones sociales existentes. En ambos ámbitos estamos ante las mismas leyes fundamentales de la existencia, igualmente opuestas a las leyes del mundo capitalista. La nueva era se desarrollará en la medida en que se perciban y obedezcan las leyes fundamentales de la existencia creadas por la humanidad venidera.
Para marcar la dirección hacia un futuro más humano precisamos de modelos cabales que marquen el modo de cimentar la convivencia entre seres humanos sobre los campos de fuerza universales de la vida y de la creación. Cuando surja un modelo que funcione, un modelo de vida que acabe con la guerra entre los sexos, que sane el amor, que sea aliado de la naturaleza y solidario con todas las criaturas, se habrá logrado un nuevo punto de referencia para el diálogo internacional. Los proyectos de paz en todo el mundo tienen a su disposición una nueva base para nuevos diálogos y replanteamientos. Es como dar un salto cuántico en el planteamiento político. Para hacer esto posible debemos reforzar nuestra labor sobre el plano interno, puesto que es de este plano interno del ser humano del que parten las guerras y conflictos. Cuanto más profundamente conozcamos las cuestiones que nos atañen de forma global, mejor reconoceremos cuán involucrados estamos. Todo de lo que nos quejamos, lo hallamos también de forma rudimentaria en nosotros mismos, en nuestra forma de vida y en nuestra comunidad, incluso entre amigos. Mientras nuestras estructuras internas no estén limpias de toda barbarie del pasado seguiremos reproduciendo la misma barbarie en el ámbito externo. Por decirlo de forma contundente: mientras sigan existiendo la mentira, el engaño, el miedo y la violencia en el amor, seguirán existiendo en la sociedad las fuerzas militares y la industria y el comercio de armas. Es contradictorio manifestarse por la paz y estar al mismo tiempo lleno de odio por dentro. Si internamente comenzamos a amar la comunidad a la que pertenecemos, ésta nos recibirá al día siguiente de forma distinta y mejor. Si el mundo exterior reacciona ante nosotros de forma violenta o pacífica depende en gran medida de los pensamientos y sentimientos que le mostramos. Pensamientos de menosprecio, odio o venganza, aunque se lleven en silencio, provocan miedo, violencia y guerra. Cada pensamiento que brindemos a la confianza y a la conciliación nos aparta cada vez más de la fuente de la que brota la guerra. De este modo somos partícipes día a día del nacimiento de una nueva era. Debemos crear una existencia en la que estemos dispuestos y preparados para llevar a cabo ese cambio en nosotros mismos.
Marx tenía razón al afirmar que son las relaciones sociales las que determinan nuestra conciencia. Pero pasó por alto que precisamente esas relaciones sociales son establecidas por una conciencia humana. ¿Por quién si no? Es el “factor subjetivo”, es decir, el plano interno, con sus ideas, imágenes e impulsos, el que evoca todo lo que luego se convierte en hechos ante nuestros ojos. Si queremos que esos hechos se transformen, debemos lógicamente transformar nuestra conciencia, es decir, el plano interno. Los Biotopos de Sanación son centros para ese cambio de conciencia, núcleos para la cristalización de la transformación global.
La conciencia universal nos conduce hoy hacia un nuevo modelo de vida en el que los valores fundamentales de la existencia humana – valores como verdad, amor y solidaridad, hogar, fidelidad y fe – pueden dar cabida a un nuevo plano, más autónomo y meditativo. Existe un aspecto original sagrado de la vida, con su correspondiente orden ético y mental-espiritual. No debemos ignorar sus valores, aun habiendo sido distorsionados tan terriblemente por el Estado y la Iglesia, y finalmente por el fascismo. Precisamos de comunidades en las que podamos convivir con las fuerzas sagradas del universo y del amor de forma consciente y con una meta clara. Sanación es el reencuentro con el campo de fuerza original de la vida. Esto es extensivo al organismo de una comunidad y al organismo de toda la humanidad.

¿Se puede aún salvar el mundo?
Se ha intentado innumerables veces sanar el mundo y a pesar de ello no ha mejorado; es más, ha empeorado. Quizá nunca antes haya existido en la Tierra tal “dolor global”. Quizás no haya habido nunca tanta muerte y desolación, y al mismo tiempo tal sentimiento de exclusión. Pues el dolor anónimo de ahí afuera supera nuestra capacidad de participación. Son siempre los otros los que mueren.
¿Se puede aún salvar el mundo? ¿Se puede curar al planeta Tierra? ¿Existe la posibilidad de una sanación completa común para el ser humano y la Tierra? ¿Cabe la posibilidad real de un futuro sin guerra? Tales cuestiones, lejos de ser tomadas en serio, provocan risa. Las discusiones y debates actuales sobre cambios y reformas para lograr un mundo mejor parten de la base en su mayoría de que ciertas estructuras nucleares de la política y la economía tienen el carácter de constantes naturales y por ello, son inmutables. Conceptos como “mercado”, “rentabilidad”, “banco” o “armamento” pertenecen a la sagrada liturgia del sistema y no pueden cuestionarse. Las ideas reformistas se mueven por eso, desde el principio, en un estrecho marco que deja poco juego a cambios estructurales.
¿Es posible aún salvar el mundo? La conocida escritora Naomi Klein afirma: “Sí, pero no dentro del sistema.” Así es. Para entender cómo y por qué incluso bajo tales circunstancias es aún posible la salvación, debemos dejar atrás las viejas categorías del pensamiento político y abrir nuestra mente a una forma de pensar que funciona bajo otros parámetros y tipos de información. El mundo, con lo dañado que está, tiene tantas o tan pocas posibilidades de salvarse como el organismo de un ser humano que según los médicos sufre una enfermedad incurable. Y sin embargo existe una casuística sin fin de denominadas “curaciones milagrosas”. Existen pues, junto a los parámetros de la medicina convencional, otras leyes y fuerzas que hacen posible la salvación. Las curaciones milagrosas son en realidad una curación llevada a cabo según otras leyes diferentes de las reconocidas por la medicina convencional. El ser humano posee, además de su cuerpo físico, otro al que por simplificar quisiera llamar “cuerpo mental-espiritual”. Sobre él actúan otras leyes que las que actúan sobre el cuerpo material. Cuando logramos que la información correcta llegue al cuerpo mental-espiritual, todo el organismo se transforma inmediatamente. Cuando por ejemplo le digo a una persona tímida lo valiente que es, se produce de inmediato una descarga hormonal diferente. Nos llega un tipo de información, la recibimos con el cuerpo mental-espiritual, que en el acto envía los correspondientes impulsos al cuerpo físico. Lo que es válido para un organismo independiente, ¿no podría hacerse extensivo al organismo global de toda la humanidad? El completo organismo de la humanidad estaría dotado por lo tanto de un cuerpo mental-espiritual (noosfera) que obedece otras leyes diferentes que el cuerpo material. Cuando ese cuerpo recibe un tipo de información diferente, todo el organismo se transforma. Esta es la hipótesis fundamental de la ideología política de Tamera. Por supuesto que aún es posible salvar el mundo, si le enviamos la información correcta.

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