TERRA NOVA: El mundo necesita paz

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Llamada a una iniciativa planetaria

Con espíritu compasivo y solidario, tendemos una mano y abrazamos a todos los seres con quienes compartimos nuestra casa, el planeta Tierra. Tendemos una mano para honrar y restaurar el derecho fundamental a la existencia de cada ser. Toda vida es sagrada. La paz es mucho más que la ausencia de guerra: es el estado natural de existencia que refleja nuestra interdependencia con todas las personas, animales, plantas, ecosistemas y con la Tierra entera. En tanto haya una persona de otra fe u otro color maltratada, una mujer violada, un niño abandonado o un animal torturado, el mundo estará perturbado.

Nos encontramos en una encrucijada peligrosa. Los grandes sistemas que gobiernan nuestras vidas se encaminan hacia un desastre colectivo. Detrás del consumo material en nuestras sociedades, detrás de los menús en nuestros restaurantes, detrás de las recetas médicas, detrás de los números del mercado bursátil, se encuentra la angustia inconmensurable de billones de seres. Nadie puede soportar el horror de las crueldades que ocurren en este momento si las encara de forma directa. En el nombre de nuestros niños, en el nombre de la humanidad, gritamos: ¡Basta! ¡Terminen esta locura! No estamos aquí para matarnos unos a los otros ni para destruir nuestro hogar; estamos aquí para crecer y para asegurar un futuro que valga la pena vivir – para nosotros y para las generaciones futuras. Vemos en toda la Tierra la misma lucha entre los poderes de renovación y el sistema de guerra. La destrucción del medio ambiente y la injusticia social, la desesperación individual y el colapso global son todos aspectos de un mismo problema fundamental: una civilización que contradice descaradamente las leyes de la vida. Establezcamos un nuevo patrón para la existencia humana en la Tierra.

Una nueva Tierra no es solo un deseo subjetivo, sino una posibilidad actual anclada en estructuras de realidad. La revolución que viene consiste en un cambio de sistema que va de un mundo de separación y miedo a un mundo reunificado por la cooperación y la confianza. Existe el mundo que creamos y el mundo que nos ha creado. Estos dos mundos deben unirse. Allí está la base de la nueva cultura planetaria. Este cambio de paradigma es válido para todas las áreas de nuestra existencia.

Paz con la Tierra. La nueva cultura global se desarrolla en cooperación con la naturaleza. Los viejos mega-sistemas serán así reemplazados por sistemas descentralizados, de pequeña escala, en gran medida autosuficientes y regenerativos. Cuando los sistemas hechos por el hombre se vuelvan compatibles con los principios de la naturaleza, entonces el agua, la energía y los alimentos estarán disponibles para todos de forma gratuita. Aprovechando la abundancia de fuentes de energía inagotables, podemos una vez y para siempre terminar con todas las guerras por recursos, eliminar las emisiones de carbono, restaurar el mundo animal y terminar con la miseria que hemos creado. En un mundo humano no pueden haber granjas de peletería, mataderos y experimentación con animales. Los animales son nuestros socios de cooperación y amigos.

Paz interior. La paz puede emerger en el mundo exterior solo si la hemos manifestado dentro nuestro. La paz es el poder de una vida libre de miedo, en conexión con la solidaridad humana. La experimentamos como la congruencia interna entre nuestras acciones, palabras y pensamientos, y nuestra consciencia y conocimientos superiores. Para alcanzar este estado de autonomía espiritual, necesitamos nuevas formas de convivencia motivadas por la colaboración en vez de la competencia; modos de vida comunitarios que permitan abrir nuevamente nuestros corazones y coexistir con compasión y confianza. La paz es la experiencia de la confianza sustentable.

Paz en el amor. El amor está en el centro de los anhelos humanos; es el poder más grande con el que contamos para transformar nuestro mundo. Pero el mismo amor ha sido destruido, cuando existe bajo las condiciones de un mundo marcado por la falsedad y el miedo. Los amantes de todo el mundo están agobiados por el trauma histórico de la sociedad de guerra patriarcal y convierten la dicha inicial de la unión en luchas miserables e interminables. Luego de milenios de guerras y separación entre hombres y mujeres, reconciliar lo masculino con lo femenino requiere nuestro más profundo trabajo de sanación. Sanar la Tierra significa esencialmente sanar el amor. No es un asunto privado, sino la tarea colectiva de las nuevas comunidades de la humanidad.

Paz entre las personas. Existe solo UNA humanidad. Hay algo idéntico en todas las personas, sin importar a qué cultura, nacionalidad o religión pertenezcan: nuestra humanidad común. Basándonos en este conocimiento abandonaremos todas las hostilidades. Incluso los criminales más brutales fueron alguna vez niños como nosotros, anhelaron aceptación y hogar, y a menudo han experimentado un tipo de dolor con el que no pudieron lidiar. Las acusaciones y los juicios son inútiles: solo perpetúan el espiral negativo de violencia. Ahora rompemos el círculo vicioso de la guerra. Ya no respondemos con odio y revancha a las heridas y al dolor que hemos sufrido. Transformamos el dolor en determinación por la vida. No toleramos violencia alguna.

Lo que necesitamos son nuevos modelos en los cuales la visión de la paz se manifieste concretamente. Este es el prerrequisito para la emergencia del mundo no-violento y sustentable que deseamos. El conocimiento para hacerlo posible ya existe; los primeros proyectos están en camino. La lucha global de poder que existe actualmente no será decidida en conflictos políticos o militares, sino creando una alternativa que funcione. Una vez que los primeros modelos hayan logrado desarrollar la suficiente complejidad y fuerza, volverán obsoleto el sistema actual. Mientras más fuerte sea nuestra colaboración, más rápida será la transformación.

Nuestra gratitud alcanza a todos los que trabajan por un mundo humano. A todos los que se alzan contra la injusticia global. A todos los que se han atrevido hasta el punto de quebrarse. A todos los que han reconocido la justicia de la Vida por sobre la justicia de la ley escrita. A las madres y a todas las mujeres alrededor del mundo que han perseverado a pesar del hambre, el exilio y la tortura – nuestro más hondo respeto y gratitud. El movimiento continúa. Por nuestros niños, por la vida, por el amor y por la liberación de todos los seres. Por una nueva Tierra.

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Más sobre estas ideas en el nuevo libro de Dieter Duhm: Terra Nova: Global Revolution and the Healing of Love – http://terranova.tamera.org

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