Señor, ¿en dónde estabas en ese momento?

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Diálogo entre Dios y un cardenal


Hace unos días, el Papa Francisco visitó Auschwitz y Cracovia, lugares en donde han tenido lugar genocidios. Casi nadie se encuentra trabajando por un cambio en el pensamiento moral tanto como lo hace él. Que sus esfuerzos continúen en más actos, y que estos sean de las dimensiones necesarias para superar la actual locura. Que la idea de hostilidad desaparezca de la humanidad una vez y para siempre.

El sábado siguiente a los ataques en Múnich, un cardenal católico habló sobre los eventos del 21 de julio de 2016. En la misa, hizo una pregunta que ya se preguntaban muchos: “Señor, ¿en dónde estabas en ese momento?” Y además habló sobre los “modos de estar juntos, porque estando juntos somos humanos. Esa es nuestra esperanza. Juntos somos todos humanos”.

El Señor respondió:

—Cardenal, te agradezco por alentar la esperanza en Mi nombre en estos tiempos difíciles y que te acuerdes de las víctimas que han caído en este baño de sangre. Preguntas en dónde estaba yo en ese momento. La humanidad siempre ha preguntado lo mismo después de cosas terribles. Por siglos he sido llamado luego de atrocidades como esta. Y por siglos he dado la misma respuesta: no estoy fuera de ti. Estoy dentro tuyo y te he dado el evangelio del amor para que lo puedas manifestar en la Tierra. Te he dado todo lo necesario para ello: amor, compasión, ética, consciencia, inteligencia. Llevas dentro tuyo todo lo que necesitas para establecer un mundo humano. Sin embargo, no lo has aceptado. Tu Biblia dice: “Estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Siempre he estado contigo. Sin embargo, rara vez tu has estado en casa.

El cardenal responde:

—Señor, ¿no ves que mientras pregonamos el evangelio cada domingo, los poderes existentes no quieren seguirlo?

Dios:

—Sí, lo veo. ¿Sigues tú mismo los evangelios? ¿No eres tú mismo parte de estos poderes? ¿Por qué has confinado el evangelio a las iglesias en vez de llevarlo a tus políticas, economías, sistemas judiciales? ¿Por qué no has dicho nada sobre todos los horrores ocurridos en el pasado como el colonialismo, los genocidios, la persecución de judíos, las guerras mundiales, las armas nucleares, la guerra de Vietnam, el centro de detención de Guantánamo, Gaza sitiada o el tratamiento que se les da hoy día a los refugiados? ¿Por qué no has dado refugio y comida a los que deben huir, a los perseguidos, a los hambrientos, a los niños en zonas de conflicto? Con todos tus recursos e influencias, ¿no lo podrías haber hecho?

Cardenal:

—Eso es ingenuo. Incluso si hubiésemos querido, no hubiésemos podido hacerlo, viviendo como lo hacemos en un sistema violento y militarizado, globalizado económica y políticamente.

Dios:

—No sólo vives en ese sistema; indirectamente lo apoyas a través de tu sumisión, tu silencio y tu miedo.

Cardenal:

—¿Qué quieres decir con “sumisión”?

Dios:

—Me refiero a lo que tú llamas “razón”, “compromiso” o “diplomacia”, a todo el envoltorio de soluciones intermedias en el que te has escudado.

Cardenal:

—¿Que hubiésemos podido hacer de otra manera? Sólo soy un cura; no puedo cambiar el mundo. ¿Qué se supone que tenemos que hacer frente al poderío abrumante de este sistema?

Dios:

—¿Te has olvidado de que este sistema consiste de personas reales y de que todos ellos llegaron al mundo como niños pequeños, tanto como lo has hecho tú? Jesucristo se encuentra de forma latente en cada persona. Despierta a tu naturaleza crística y la despertarás en otros. Karl Marx se dio cuenta de que el sistema maneja a las personas como una fuerza externa. Ahora debes descubrir, de manera similar, al ser humano detrás del sistema. Cuando le hables a la gente, ellos te responderán.

Cardenal:

—Pero es precisamente esta gente la que obedece tan poco Tu palabra y en vez de eso sigue las leyes del sistema en el que viven. ¿No podrías ayudarnos a cambiar el sistema?

Dios:

—Sí, puedo, pero sólo en alianza contigo. No puedo hacer nada sin la resurrección de la humanidad. Las personas deben dejar que la omnipresencia que reciben a través mío funcione a través de ellos nuevamente. Podrías —si quisieras— tener un impacto mucho más grande del que crees. Aunando fuerzas podrías establecer un poder global más fuerte que toda violencia. Tienes razón cuando dices que no lo puedes hacer solo. Todos enfrentan una nueva decisión. Si decides vivir de forma sagrada, muchos se te sumarán. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Cardenal:

—Entonces, ¿qué es lo que deberíamos hacer?

Dios:

—Deja el sistema y construye uno nuevo. ¿A quién juras lealtad, al sistema que está causando todas estas guerras, a los gobiernos, bancos y corporaciones que te han llevado a una economía basada en la guerra? Vuelve a pensar tus lealtades; abandona tu ‘neutralidad’, defiende a quienes son perseguidos y asesinados. Sé solidario con todos los trabajadores de paz y activistas de derechos humanos que dan todo pero son muy pocos para terminar con la injusticia en todo el mundo. Conéctate con Amnesty International, Greenpeace y todas las organizaciones y movimientos que están trabajando para un mundo pacífico —incluso si no forman parte de tu iglesia; yo no pertenezco a ninguna confesión. Inicia movimientos transversales inspirados por el evangelio original y contáctate ahora con los prisioneros políticos en Turquía.

Cardenal:

—Nuestros estatutos no permiten tales intervenciones políticas.

Dios:

—Bueno, entonces cambia vuestros estatutos.

Cardenal:

—Entiendo tu llamada. Pero, ¿no podrías haber intervenido cuando ocurrió el desastre?

Dios:

—¿Has entendido realmente mi llamada? Si es así, síguela. Cuando exista una colaboración entre tú y el resto, no permitiré más asesinatos. Sólo puedo intervenir si abres el canal y me dejas pasar. Funciono completamente a través tuyo. Cuando dejas la jaula de tu ego —entonces cabré dentro tuyo. Esta es la decisión que se requiere de cada uno de ustedes.
“Preguntas en dónde estaba yo en ese momento difícil. Yo te pregunto: ¿en dónde estabas tú —la Iglesia, los gobiernos? ¿En dónde estás cuando el terrorismo nace en lugares en donde hay miseria, guerra o niños abandonados? ¿Cómo puede ser que mantengas silencio sobre la entrega de armamento en áreas de guerra o cuando los ricos le quitan la tierra a los pobres? ¿En dónde estás cuando ejércitos atacan pueblos indígenas que se resisten a las injusticias? ¿En dónde estás cuando escuchas el drama de los refugiados en botes inflables? ¿En dónde estabais todos vosotros cuando el gobierno alemán le pasó la responsabilidad sobre estos refugiados a un régimen despótico?

Cardenal:

—No podemos hacer todo lo que se necesita. El poder de nuestra realidad política actual es más fuerte que nosotros.

Dios:

—Sí; y es precisamente esta realidad actual que está por repetir sus atrocidades. Mira a las casi 20 mil personas que han sido encarceladas en Turquía luego del intento de golpe de estado. Sabes muy bien lo que pasa en esas prisiones. ¿O prefieres ignorarlo porque es demasiado terrible, porque nadie puede aguantar la tortura? Ayuda por favor a esa gente; son tan humanos como tú. Crea un movimiento global para proteger a los prisioneros.

Cardenal:

—Pero esa gente son terroristas. Han matado a muchas personas en su intento de golpe.

Dios:

—Ah, claro… ¡Terroristas! Estás usando esta palabra de forma extraña. Todo el mundo habla de terroristas, pero estoy seguro de que sabes que mucho más terror es causado por tus propias instituciones financieras, corporaciones y gobiernos. Mira los barrios carenciados de Río que fueron demolidos para las olimpíadas. Tú mismo ves a través de tus medios de comunicación lo que está pasando en el mundo. Has visto cómo a pueblos africanos se les niega su propia agua para que se puedan regar plantaciones. ¿No has cerrado los ojos mientras que millones eran torturados y asesinados? Te he dicho hace dos mil años a través de uno de mis profetas: “todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. ¿A dónde estaba tu asistencia? Has escuchado lo que te he dicho: “No matarás”. Pero has permitido el asesinato de innumerables millones en el nombre de la religión y las corporaciones. Cardenal, tú eres un ser humano, nacido de mi espíritu y corazón. ¿Por qué te has quedado en silencio y has permitido todo esto? ¿Por qué no has ejercido la caridad y la empatía cuando las bombas caían sobre los refugiados? ¡Bombas en vez de comida! ¿Por qué te conformas con meros eslóganes, llamados a la paz y alguna que otra donación?
“Y preguntas: ‘Señor, ¿en dónde has estado en ese momento?’ ¿Te puedo devolver la pregunta, cardenal? ¿En dónde estabas tú? ¿En dónde estabas tú en todos esos momentos, en todos estos años y siglos? ¿Has pensado que te había abandonado en estos tiempos difíciles? No, mi cardenal, has sido tú quien me ha abandonado a mí.

Cardenal:
—Sí, Espíritu Santo, entiendo tu pedido. Sin embargo, el mundo está yendo hacia una catástrofe. Necesitamos Tu voz, Tu protección, Tu gracia y perdón.

Dios:

—Repito: no estoy sobre ti, sino dentro tuyo. Si tú eres YO, te encontrarás a ti mismo bajo Mi protección. Si estás conmigo, no habrá catástrofe. Siempre quiero la vida, no la ruina. Deseo amor, no guerra. Tú eliges el sistema al que sirves: el sistema de la sociedad de guerra o el sistema de la vida. En tus iglesias hablas de fraternidad y compasión. ¿Piensas sólo en las víctimas o también incluyes a los victimarios, a los que disparan a mansalva, a los atacantes suicidas, a los terroristas jóvenes, a los soldados del Estado Islámico? ¿Incluyes a todos en tu humanidad? ¿Crees realmente que la violencia puede ser parada por contra-violencia, a través de la policía y el ejército? Debes atacar las causas fundamentales, no los síntomas. Los jóvenes que llevan a cabo atrocidades fueron todos niños necesitados de amor y cuidado. Ningún niño que ha recibido amor se ha vuelto luego un asesino. ¿Sabes cuántos terroristas han surgido de tus filas, de tu sociedad? ¿No sabes que los asesinatos en masa y el terror son el resultado de la miseria y la desilusión en el amor? El atacante de Ansbach, ¿no había acaso presenciado la muerte violenta de su joven mujer y sus hijos durante un bombardeo en la guerra en Siria? ¿No sabes cuánto sufrimiento tuvieron que experimentar esas personas antes de convertirse ellos mismos en victimarios? ¿Sabes qué le pasa a los jóvenes cuando ya no tienen en quién creer?

El carden sabía. De repente recordó lo que él había amado y en lo que él había creído. Escribió una carta pastoral y habló con el papa Francisco, el hombre-dios en Roma. Entendieron que debían darle una nueva fundación a sus vidas y a toda la cultura humana. Era una cuestión de sanar el amor de la forma más profunda, incluido el amor erótico. Muchos los siguieron. Circularon nuevos impulsos, nuevas acciones, nuevas informaciones a través de los medios de comunicación de todo el mundo. De este modo, el espíritu de una nueva humanidad creció dentro de los pueblos y las ciudades del mundo. Este espíritu se extendió a las relaciones con el mundo animal cuando las personas reconocieron a los animales como los hermanos y hermanas pequeños que también son criaturas de Dios. Terminaron así los negocios de los mataderos y las vivisecciones. Entendieron que la vida sagrada Una es la misma en todos los seres. Así empezó una nuevo capítulo en la Tierra: Nova Ecclesia, Terra Nova.

En el nombre del amor y de todos los seres.

Dr. Dieter Duhm, Tamera, Agosto de 2016

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