La cuestión religiosa

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¿Por qué y Cómo Existo? ¿Cuál es mi Origen?

sky-copy¿Hemos inventado a Dios porque buscábamos redención en un mundo inconsolable? ¿O en “Dios” hay una realidad objetiva?

En muchos planos de nuestra existencia no podemos brindar respuestas sino simplemente observar y hacer preguntas. Dentro nuestro y sobre nosotros reconocemos un universo inmenso al que nos queremos acercar. ¿Cuál es el sentido detrás de esos puntos luminosos en el cielo oscuro de la noche que llamamos estrellas o galaxias? ¿Podemos comprender dimensiones que se miden en millones o billones de años luz? ¿Quién ha creado todo esto y en dónde se origina todo? ¿Por qué y cómo existe el Todo y en dónde se originó? ¿Por qué y cómo existo yo y cuál es mi origen? ¿Cuál es la realidad que creemos real en nuestra vida diaria y cuál es la que vemos sobre nosotros cada noche? ¿Quién o qué es la así llamada “creación”? ¿Quién o qué ha causado la emergencia del ser humano, en cuatro billones de años de evolución, desde un organismo unicelular? ¿Son correctas estas teorías después de todo? ¿Qué significa un período de cuatro billones de años? Son cuatro mil millones de años… ¿Qué tipo de dimensiones son esas? ¿Somos amebas en un océano desconocido de tiempo y espacio, o todo es completamente diferente?

Todo lo que existe, cada cosa, cada planta, cada cuerpo y cada órgano vienen del universo. Todas las galaxias están involucradas en la creación de un único ojo, ya que el Todo es una unidad. Sin embargo, ¿qué es este “Todo”? ¿Dios? ¿Está Dios dentro nuestro o afuera —o ninguna de las dos cosas? ¿Existe Dios? Si es así, ¿por qué este mundo ha sido hasta ahora tan atroz? La pregunta religiosa es tan central como la sexual. Sólo que todavía no somos capaces de formularla de forma tan precisa como aquella. El mundo es un sacramento. Si lo amamos o lo maldecimos, si creemos en Dios o no, si somos cristianos, budistas, musulmanes o ateos —vivimos en un sacramento. No queremos mistificar nada, pero tampoco queremos trivializar nada. Somos capaces de tocar el mundo a pesar de su inconmensurabilidad. Cuando entramos en el reino del silencio, la contemplación y la reflexión, fuera de nuestras actividades diarias, cuando entramos incluso quizá el reino de ese otro tipo de amor, más grande, nos encontramos al mundo por algunos segundos de un modo extrañamente familiar. Y durante esos segundos, en este punto de convergencia, tenemos una experiencia inconfundible. Entramos en regiones en donde las cifras de este universo se tornan más brillosas y transparentes, en donde todos nuestros sentidos se afinan, en donde nos sentimos llenos de premonición, anticipación, asombro y gratitud.

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Capítulo del libro Der immanente Gott. Fundamente der Befreiung, de Dieter Duhm

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