Standing Rock en Colombia

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Una Visión Real de Paz Después de Décadas de Guerra y Desplazamiento Forzado


Escribo esto desde Colombia, a donde un pequeño grupo del Campus Global de Tamera, Portugal, Bolivia, Brasil y Canadá hemos sido invitados para celebrar el vigésimo aniversario de la comunidad de paz de San José de Apartadó. Activistas por la paz, agricultores, indígenas locales, representantes de las embajadas de varios países y de las Naciones Unidas y abogados especialistas en derechos humanos se reúnen en la remota región del norte tropical del país para honrar a una comunidad de paz que a pesar de los innumerables ataques, violencia y asesinatos que ha padecido, sigue existiendo hace veinte años. Es espantoso leer los informes de los campesinos y los indígenas, las mujeres y los hombres que arriesgan diariamente sus vidas para contrarrestar las políticas de desplazamiento, comprometiéndose fuertemente con la vida y la esperanza.

El reciente acuerdo por el cual las guerrillas de las FARC se comprometen al desarme se está celebrando en todo el mundo como el comienzo de una nueva era de paz. Sin embargo, en Colombia la miseria que sufren los pobres, los indígenas y los perseguidos ha aumentado. Pasa lo mismo en todo el mundo: aquellos que han ganado el Premio Nobel de la Paz merecidamente, que han practicando la resistencia no violenta durante décadas, estas comunidades y sus trabajadores de paz, son perseguidos y difamados. A menudo pagan su compromiso con su propia vida.

Pero no pueden ser silenciados. Los motiva la misma fuerza que motiva al movimiento de resistencia Standing Rock (“Defend the Sacred”) en Estados Unidos. Sus desafíos, sus sufrimientos y sus posibilidades de supervivencia son los mismos allí como aquí. No lo logran por sí solos, sino con el fuerte apoyo de una red planetaria que reconoce plenamente esta lucha. Podemos prepararnos para un cambio global de sistema si dejamos atrás la violencia global y comenzamos a construir comunidades de paz organizadas de forma descentralizada. Estas comunidades están construyendo hoy mismo nuevos fundamentos para el futuro en la Tierra.

Durante los últimos meses, Standing Rock ha sido noticia en todo el mundo. Parece que el movimiento ha fracasado, pero lo que a muchos les parece un final triste, para nosotros es solo el comienzo —el comienzo de un movimiento de paz mundial que ya no puede ser silenciado.
¿Qué pasó en Standing Rock?

El Gobierno Tribal de Standing Rock, con representantes de varios cientos de naciones originarias, dirigió las protestas contra el Dakota Access Pipeline, un oleoducto que atravesaría el río Missouri cerca de Cannon Ball Creek. Lo que comenzó como una vigilia de unas 600 personas, reunidas en Dakota del Norte desde abril del año pasado, se convirtió rápidamente en un grupo de 20.000 personas y dio lugar a un movimiento de solidaridad mundial. Ya era mucho más que detener un oleoducto. El lema “Defender lo Sagrado” creó una magia muy inusual para los activistas políticos. El mundo espiritual y el político se alinearon de una manera novedosa, y esto comenzó a repercutir en los titulares de todo el mundo. De repente se unieron la acción política y la oración espiritual, sin afiliaciones religiosas. A pesar de condiciones meteorológicas muy difíciles, de las violentas intervenciones del Gobierno y las corporaciones, el grupo no cedía. El río de manifestantes continuó creciendo. En su centro, el grupo guardaba el Fuego Sagrado. La autoridad que emanaban y su compromiso con la no violencia les dio a los activistas un poder que atraía cada vez más simpatizantes. A principios de diciembre, más de 2.000 veteranos del ejército estadounidense llegaron a Standing Rock para solidarizarse con las tribus indígenas. En un momento se dieron cuenta de que Estados Unidos es una nación construida sobre un genocidio, y con humildad y sinceridad pidieron perdón. Se disculparon públicamente por haber seguido órdenes erróneas. Cuando el presidente Obama, todavía en su cargo, prometió detener temporalmente la construcción del oleoducto y someter el asunto a revisión judicial, parecía que la resistencia no violenta había ganado. Pero el cambio de gobierno destruyó todos los éxitos. Una firma del presidente Trump fue todo lo que se necesitó para ordenar la continuación de la construcción del oleoducto y arruinar todos los esfuerzos del movimiento social.

¿Fue este el fin de un tipo de movimiento social que nunca habíamos visto? ¿Se demostró quizá la impotencia de la no violencia? ¿O fue esta valiente acción de unos pocos activistas el comienzo de un cambio de sistema global?

Lo que sucedió allí está sucediendo en todo el mundo. Parece una lucha entre dos poderes: la lucha entre magia blanca y magia negra. Un poder se centra en lo sagrado de la vida, la verdad, la humanidad y la cooperación con las fuerzas de la Tierra, y el otro poder es el poder de la globalización violenta, la egomanía, la dominación y el dinero.

La situación en esta Tierra está llegando a su fin. La pregunta que debemos hacernos es si la humanidad sobrevivirá o no.
La historia de la comunidad de paz de San José de Apartadó y el proceso de paz engañoso en Colombia.

Experimentamos un drama similar al visitar la comunidad de paz de San José de Apartadó. El 23 de marzo de 1997, un grupo de 1.350 campesinos que no querían ser desplazados de sus fincas —como tantos otros antes—, fundaron la comunidad de paz como una zona neutral que no cooperaría con ninguna de las partes en conflicto. En el momento fundacional estuvieron el padre jesuita Javier Giraldo, el filósofo Eduar Lanchero y Gloria Cuartas, alcaldesa de Apartadó —todas fuerzas activas de paz. Desde entonces han apoyado y protegido las decisiones y actividades de los agricultores, quienes con un gran compromiso trabajan en la resistencia no violenta en contra de la corrupción y la violencia en Colombia. Han creado una isla de humanidad en medio de una guerra brutal.

Desde entonces, más de 200 miembros de la comunidad han sido asesinados, principalmente debido a que la existencia de la comunidad bloquea muchos intereses económicos corporativos. Como en todo el país, aquí también los campesinos son desplazados por fuerzas militares y paramilitares para que las multinacionales puedan explotar sus intereses: el aceite de palma y los bananos, el petróleo, las minas y las represas. Al principio, una parte de la guerrilla —que originalmente había sido formada para proteger a los campesinos— participó también en la violenta persecución que sufrió la comunidad de paz, siendo responsables de varios asesinatos.

Para aquellos que no están familiarizados con la historia de este país, pareciera que la guerra ya hubiese terminado. Al presidente Juan Manuel Santos se lo celebra como el presidente de la paz; el mundo respira aliviado. Solo unas pocas personas ven entre bastidores lo que realmente está sucediendo en Colombia. El llamado proceso de paz entre el Gobierno y la organización guerrillera FARC ha comenzado en 2012. Como si fuese un milagro, las FARC decidieron dejar las armas y crear zonas autónomas para los agricultores en el interior del país. Su sugerencia, por la que renunciaron a la lucha armada, consiste en crear en el interior del país zonas autónomas para ex-combatientes y unirse con los agricultores y partes de la población indígena para crear comunidades-aldeas que aseguren la sostenibilidad de cada región. Hablan de esto como un “micro-socialismo” descentralizado.

Pero casi todas sus sugerencias fueron descartadas en las negociaciones de La Habana. Es cada vez más claro que la voluntad de experimentar una verdadera transformación es unilateral. Las promesas del Gobierno en gran medida nunca se cumplieron —incluso cosas tan sencillas como la construcción de campamentos para que las guerrillas vivieran temporalmente y en donde pudieran entregar sus armas. La desconfianza está creciendo y muchas fuerzas de izquierda creen que se ha desarmado a la guerrilla para oprimir a la población, ahora con las armas de las fuerzas paramilitares y las grandes corporaciones multinacionales. Parece como si el presidente Santos quisiera que los grandes inversores de Europa y Estados Unidos puedan hacer sus negocios sin ser molestados —como si quisiera abrir las puertas a la industria petrolera y a todos los demás intereses capitalistas para que puedan tomar el país sin demasiada resistencia.

No se siente de su parte ningún compromiso con la tierra, con la ecología ni con la reconciliación entre todos aquellos que durante décadas han sido víctimas de la guerra y la tortura. Es siempre lo mismo: los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres.

¿Se han acabado los sueños de justicia social, de encontrar una solución a la catástrofe del agua, de reconocer las tradiciones indígenas de este país y respetar la voz viva de esta Tierra? ¿Y el sueño de más justicia para las mujeres? Alrededor del 80% de las víctimas de esta guerra fueron mujeres.

Las fuerzas paramilitares, oficialmente minimizadas como “grupos criminales”, pueden ahora moverse libremente en las áreas en donde ya no opera la guerrilla. Todos los que tuvieron el valor de rebelarse están siendo cooptados. Primero se los intenta silenciar con dinero; si eso no funciona, son calumniados y finalmente los paramilitares no dudan en recurrir al asesinato. Más líderes del movimiento de resistencia fueron asesinados en los últimos meses que los que fueron asesinados durante años anteriores. Como es costumbre, los militares y la justicia siguen encubriendo la mayoría de las acciones paramilitares. También la comunidad de paz está rodeada y ocupada por paramilitares. Los líderes comunitarios son amenazados y chantajeados. Hemos mantenido largas conversaciones con uno de ellos, al que recientemente le robaron apuntándole con una pistola en la cabeza, en un posible acto paramilitar de amedrentamiento. Nos decía: “Quizá algunos de nosotros sigamos muriendo, pero no vemos ningún otro camino que el de la resistencia no violenta”. Sus palabras nos destrozan el corazón. Durante los últimos años, fuimos testigos del progreso enorme de niños y jóvenes, que a causa del establecimiento de una comunidad de confianza fueron capaces de ir superando sus traumas. De ningún modo podemos permitir que la violencia comience de nuevo allí donde ellos o sus padres son amenazados o asesinados.

El ejército está intentando que las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria se retiren de las áreas amenazadas, supuestamente para evitar una escalada (aunque la guerra ya haya terminado). En realidad, en opinión de muchos grupos de oposición en el país, se está intentando expulsar a las organizaciones para que las unidades paramilitares puedan operar libremente.
¿Qué significa el trabajo de paz en este momento?

¿Existe un mundo que desee que las amenazas contra la población oprimida —no por las guerrillas sino por los paramilitares— aumenten en lugar de disminuir, que simpaticen con ellas? ¿Están de nuevo las fuerzas fascistas a punto de triunfar? ¿Han sucumbido las fuerzas de la paz, como lo hicieron en Standing Rock?

¿Qué significa el trabajo de paz? Es fácil entender a aquellos que en momentos así ceden a una rabia infinita. Y sin embargo, todos sabemos que la venganza y la ira no nos acercan a nuestro objetivo.

¿Qué significa superar las imágenes de enemigo? ¿Qué debemos hacer si no queremos acabar como mártires o volver a la impotencia y la depresión?

Oímos una voz desde dentro que muchos perciben como algo sumamente ingenuo. Una voz que nos dice que debe haber un poder más fuerte que toda violencia. Algo quiere y debe surgir dentro de nosotros, dentro de todos aquellos cuyos corazones todavía están abiertos.

Lo que comenzó con Standing Rock debe volverse aún más fuerte y decidido —debe abarcar toda la Tierra. Debe surgir una red de corazones comprometidos a encontrar soluciones nuevas y bien fundadas en todo el mundo. Pero esto solo funcionará si aprendemos a encontrarnos solidariamente en comunidades de paz. Abandonar el sistema de violencia y corrupción se está convirtiendo en una necesidad. La verdadera salida es una aventura que abarca todos los ámbitos de la vida. Incluye nuevos patrones de consumo, formas de producción alternativas, una forma diferente de convivencia y una base de confianza totalmente nueva entre las personas. Este es el requisito previo para poder reconocer lo sagrado de la vida y comprometerse con ella.

Esto no significa que todos los que están comprometidos verdaderamente con la paz tengan que vivir juntos. Significa entender que todos estamos conectados a través de nuestro compromiso para la sanación de esta Tierra, y que en este sentido nos estamos encontrando.
El poder sanador de la vida

El compromiso con lo sagrado de toda vida actuará como una onda de transformación atravesando todos los partidos y organizaciones, disolviendo todas las ideologías y profesiones de fe externas. Esto requiere que estemos dispuestos a servir sinceramente al proceso de sanación global. Nuevamente nos enfocamos en el estrato más alto de la vida, que llamamos la “Matriz Sagrada”.

Escribe Dieter Duhm: “La Matriz Sagrada es la matriz original, trans-histórica, no alienada, cósmica o divina de la vida universal”. Como hijos de esta Tierra, como habitantes responsables, estamos todos conectados entre nosotros. Todos somos responsables conjuntamente del mismo Sol, de la misma Luna, del mismo agua, de la misma Tierra y del mismo aire. La Tierra es rica y nos brinda todo lo que necesitamos si cooperamos con ella. Solo existe una humanidad. Después de miles de años de separación y violencia, este tipo de cooperación debe ser aprendida de nuevo. Esta es la razón por la cual el movimiento social emergente trabajará para establecer y proteger modelos comunitarios descentralizados. Comunidad entre personas, verdad en el amor, cooperación con todos los seres —todo esto debe ser aprendido y comprendido. Necesitamos por tanto lugares en la Tierra en donde surjan modos de vida y modelos que la sirvan. A estos lugares les llamamos biótopos de sanación.

¿Cómo se organiza la vida para que siempre pueda sanar sus heridas? Allí donde la Tierra ha sido herida, la naturaleza por sí misma genera biótopos de sanación. ¿Cómo sucede esto? Este milagro es válido no solo para las plantas sino también para nosotros los seres humanos. La vida misma conoce un poder que es mayor que toda violencia. Depende de nosotros crear biótopos de sanación capaces de sanar viejas heridas, lugares donde la gente desarrolle una nueva forma de vivir juntos, confiando unos en otros y cooperando con todos los seres vivos, acogiendo tanta diversidad y complejidad como sea posible, y a la vez conociendo la unidad de toda la vida.

Hay principios que podemos reconocer y usar. Uno de ellos es el que dice que toda la vida se organiza en comunidad. La destrucción a nivel mundial de las formas originarias de comunidad es una de las mayores heridas de la humanidad. Esto nos ha hecho gobernables, nos ha obligado a ser parte de civilizaciones que realmente no amamos. Si volvemos a aprender a organizarnos en comunidades, pueden surgir muchas otras situaciones como Standing Rock. En el lenguaje de los antepasados, “Standing Rock” significa un lugar de conexión entre el cielo y la tierra. Allí donde se creaban lugares sagrados, se erigían piedras para conectar el cielo y la tierra.

La situación de emergencia en la Tierra requiere que establezcamos lugares sagrados en donde se pueda experimentar de nuevo el sentido original de la comunidad: comunidades basadas en la confianza y la verdad. Esto parece ser una necesidad absoluta para defender la vida.

Estas comunidades deben tener la verdad y el amor en su núcleo. Las primeras personas que allí habiten deben poder salirse completamente de los patrones de competencia y comportamiento egomaníaco. La palabra confianza se utiliza a menudo, pero casi nadie conoce su verdadero valor. Deben crearse comunidades de confianza. Esto es lo que la vida nos exige.
Un movimiento mundial de solidaridad por lo sagrado —y una utopía concreta para Colombia

En esencia, la comunidad de paz de San José de Apartadó es una comunidad de desplazados y de personas que luchan contra el desplazamiento. Lo que se ha creado aquí requiere nuestra atención, así como protección internacional. La comunidad puede convertirse en un modelo para la paz en todo el país. Debemos reconocer su trabajo de resistencia y sus interminables esfuerzos, y ayudar a fortalecer el poder que necesitan. Hegel nos dice que la autoconciencia es posible solo a través del reconocimiento mutuo. En una situación como esta podemos comprender esta verdad.

¿Somos capaces de crear una vida sencilla y compasiva? Necesitamos crear un movimiento que esté dispuesto a ofrecer un hogar a todas las personas desplazadas. Las comunidades existentes pueden desempeñar un papel importante en este proceso —en Colombia y en todo el mundo.

Sin solidaridad global los pueblos indígenas seguirán siendo exterminados, las comunidades de resistencia serán destruidas o morirán de hambre, por violencia directa, o a causa de la difamación y la corrupción. Y las sociedades ricas construyen muros cada vez más altos para protegerse contra su propio miedo y contra la verdad de la vida.

Debemos reconocer que las sociedades capitalistas no funcionarán mucho más tiempo. La Tierra no permite ser tratada de esta manera. Se está defendiendo a sí misma. Es una cuestión de ascenso o destrucción.

Pero el poder de la vida misma no hace excepciones para los gobiernos. Describo abajo una utopía que siempre me da fuerzas para seguir adelante durante conflictos difíciles, para no ser víctima de imágenes de enemigos.

Un cambio de sistema está sobre la mesa. Nos damos cuenta de que ha habido suficientes muertes. Ahora no es el momento de crear imágenes de nuevos enemigos. Decimos entonces: en su esencia, el presidente Santos también tiene un corazón amoroso. Transformemos nuestra ira en la determinación militante de sacudir el viejo sistema y despertar los corazones cerrados. Encontremos el coraje para abrir nuevamente nuestros propios corazones a la compasión intransigente con las fuerzas de la vida. Me imagino que el presidente Santos repentinamente experimenta una avalancha de compasión. Se siente como un padre, tocado por la esperanza elemental y pura que su proceso de paz desencadenó. Ya no puede evitar la mirada del pueblo indígena Kogi, a quien prometió una gran paz. Siente que debe hacer algo porque no quiere que la violencia y la guerra vuelvan a estallar, tal vez con más ferocidad que antes, en un país que lo ve como el pionero de un proceso de paz.

La forma en que pensamos en él co-determina lo que hará. Ya no debe temer la venganza de todos los que han sido oprimidos a lo largo de los siglos, sino abrir su corazón a la posibilidad de un verdadero perdón. Siente que el grito de la naturaleza en su país exige algo de él: la catástrofe del agua que se aproxima, las inundaciones y la desertificación solo pueden ser detenidas si hay espacio para un gran replanteamiento.

Todavía es difícil de imaginar, y sin embargo podría suceder: Juan Manuel Santos es parte del destino de la gente en su país. Para él la paz ya no es solo una palabra. Es el responsable de introducir un proceso de reconciliación en su país. Los altos mandos paramilitares se dejan infectar por este poder. Ellos mismos fueron alguna vez oprimidos y abusados. A menudo reclutados siendo muy jóvenes, ya que no tenían otra perspectiva. ¿Qué pasa si de repente fuesen tocados por una gran visión de sanación? Durante mucho tiempo han dudado, sabiendo que lo que hacían estaba mal. Buscaban una salida. ¿Podría alguien perdonarlos por sus crímenes? Al principio solo unos pocos, luego cientos de ellos fueron a fortalecer el movimiento comunitario en Colombia. Solo su temor los endureció. Ahora, cuando ya no tienen que temer venganza, reconocen lo que han hecho. Al igual que los soldados veteranos que fueron a Standing Rock, piden perdón sinceramente. Ahora el verdadero proceso de paz puede comenzar. Se establecen zonas de protección dentro de las cuales no hay armas y en las que se pueden experimentar formas sostenibles de comunidad bajo nuevas estructuras ecológicas, tecnológicas y sociales.

Si nos dejamos tocar por una visión así, debemos cambiar nuestro propio sueño. De repente nos damos cuenta de las posibilidades de una ola mundial de paz que nos puede llevar hacia un poderoso proceso de transformación. Si estamos verdaderamente dispuestos a someternos a un proceso profundo de auto-transformación, las cosas cambiarán también en otros lugares. En su texto “Defender lo Sagrado: ¿Cómo puede imponerse el movimiento por la paz?” Dieter Duhm escribe:

“¿Podemos imaginarnos que surjan nuevas comunidades en la Tierra en donde la gente y los animales, los niños y los padres, crezcan en este tipo de amistad? Comunidades en las que no hay temor ni hostilidad entre seres humanos, ni entre seres humanos y las demás criaturas? ¿Podemos imaginar un mundo en el que el concepto de enemistad haya quedado obsoleto? ¿Estamos dispuestos a reconocer y poner en práctica las condiciones éticas, sociales, ecológicas y espirituales necesarias para que surja un mundo semejante? ¿No estamos de hecho muy cerca de atrevernos a hacer tal intento?”

Nuestra respuesta es “Sí”. Hagamos todo lo posible para crear centros de formación en donde la paz pueda ser experimentada y aprendida. Si tenemos éxito en la creación de estos primeros centros en donde la paz se viva de una manera real, esto afectará a todo el planeta. La comunidad de paz de San José podría desempeñar un papel fundamental en un proceso de perdón y no violencia. Durante años han practicado no odiar a sus enemigos y no hacer ninguna concesión falsa. Podemos aprender de sus formas radicales y ofrecerles el conocimiento que nosotros mismos hemos desarrollado.

Para nuestros hijos y las generaciones que vendrán.
¡Defiende lo sagrado!

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Sobre la autora:

Sabine Lichtenfels es teóloga, maestra espiritual y activista por la paz. Cofundó el Centro de Investigación para la Paz “Tamera” en Portugal en 1995. Ha dirigido peregrinajes “Grace” por diferentes áreas en crisis y encabeza la Escuela Global de Amor de Tamera. Es autora de varios libros, incluyendo “Fuentes del Amor y Paz”, “El Templo del Amor” y “Grace: Peregrinación para un Futuro sin Guerra”. Para obtener más información visite www.sabine-lichtenfels.com

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